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Prólogo

           Desde que en octubre de 1848 empezó a funcionar la primera línea férrea en la península, entre Barcelona y Mataró de 28,4 kilómetros,(el primer ferrocarril español se había inaugurado once años antes en la provincia de Cuba), el proceso de expansión de la red ferroviaria nacional fue avanzado con buen ritmo, sumando proyectos exitosos a otros que sucumbieron en el intento, hasta conseguir a comienzos del siglo XX contar con más de 13.000 kilómetros.
            Superadas las conflictivas décadas de la primera mitad de siglo, la red alcanzó hacia 1950 su máxima longitud, por encima de los 18.000 kilómetros, iniciándose a partir de entonces un lento proceso regresivo, en gran medida fruto de la creciente competencia del transporte por carretera y, en segundo plano, del aéreo. Este proceso se intensificó en la década de los ochenta dando lugar a que nuestro territorio apareciera surcado por miles de kilómetros de caminos de hierro sin servicio, que configuraban un valioso patrimonio industrial, la mayor parte de titularidad pública, con un potencial extraordinario para ser reutilizado por la sociedad con nuevos fines.
            En 1993 se realizaba el Inventario de Líneas Ferroviarias en Desuso, analizando en detalle 98 líneas que sumaron una longitud de 5.764 kilómetros, incluyendo un impresionante patrimonio de obras de fábrica y de inmuebles: 954 estaciones, 501 túneles y 1.070 puentes y viaductos. Además de recopilarse datos de otras 89 líneas ferroviarias de carácter minero e industrial, ya abandonadas, que no dependían de ningún organismo público y que totalizaron otros 1.920 kilómetros.
            En definitiva, se identificaron más de 7.600 kilómetros de líneas cerradas al tráfico ferroviario por diversas circunstancias y avatares de las comarcas atravesadas: líneas de servicio público que por su baja rentabilidad sucumbieron ante la competencia de la carretera, líneas vinculadas a explotaciones mineras e industriales que habían cesado su producción, y una decena de líneas que correspondían a plataformas ferroviarias cuyas obras de construcción no llegaron a concluirse.
            Esta impresionante malla de ferrocarriles abandonados que tejían el territorio permanecían sin uso, por lo que con el paso del tiempo y la acción de la naturaleza sus trazas se habían ido perdiendo invadidas por la vegetación, aterradas sus trincheras, hundidos sus túneles, con los edificios de las estaciones convertidos en ruinas rodeadas de escombros, y muchos viaductos, algunos verdaderas obras de arte de la ingeniería decimonónica del hierro, desmantelados y vendidos como chatarra, además de una constante usurpación de estos terrenos e inmuebles por parte de ciudadanos amigos de adueñarse impunemente de lo público... y paulatinamente los trazados ferroviarios iban perdiendo su continuidad física, su carácter de corredor de comunicación, situación agravada por la afección de nuevas obras de ingeniería: carreteras, embalses... y de las expansiones urbanísticas de los núcleos urbanos: construcción de nuevos viales, polígonos industriales... Por todo ello, se hacia evidente que la reutilización de este valiosísimo patrimonio ferroviario con nuevos fines sociales alternativos al uso originario era el argumento más eficaz y contundente para que tantos kilómetros de pasillos, ya integrados y mimetizados en la naturaleza, sobreviviesen.
            Así, una vez concluido el Inventario de Líneas Ferroviarias en Desuso, comenzamos a trabajar en la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, en el desarrollo del Programa Vías Verdes, con el objetivo de reutilizarlos como infraestructuras no motorizadas que pudieran ser recorridas por caminantes, ciclistas, jinetes y personas con movilidad reducida, ya que las exigencias constructivas del primitivo uso ferroviario, con suaves pendientes, curvas abiertas y trazados alejados del discurrir de las carreteras, las convertía, junto con la prohibición de la circulación con vehículos a motor, en ejes de movilidad ligera, de paseo y de comunicación dotados de un elevado nivel de seguridad.
            De los 5.764 kilómetros contabilizados como líneas ferroviarias en desuso o con débil tráfico, el 6,5 % pertenecía a la Comunitat Valenciana, en concreto 375 kilómetros, de los que ya han sido acondicionados 140 en siete diferentes Vías Verdes, mientras que en la actualidad varios son los proyectos que están en fase de estudio.
            En este libro podréis encontrar todos estos tramos acondicionados, a la vez que todos los demás pendientes de ser mejorados.

Carmen Aycart Luengo
Directora del Programa de Vías Verdes
de la Fundación de Ferrocarriles Españoles.
www.víasverdes.com

 




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