AVENTURAS EN BICICLETA ALREDEDOR DEL MUNDO


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CARNAVAL

 

INTRODUCCIÓN

 

       Cuando empecé a escribir, hace ya trece años, lo hice pensando que si las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa me habían animado a viajar y conocer tantos lugares maravillosos y a tanta gente encantadora, mis escritos también podrían transmitir esos mismos impulsos.
       El camino que me marqué para lograrlo fue el de escribir libros de aventuras, con alguna que otra escena romántica, que no sólo de peligros y esfuerzos están hechas las aventuras, pues, aunque se desarrollen en lugares inhóspitos, el amor siempre puede aparecer en cualquier rincón del mundo.
       Los tres primeros libros que escribí narraban la odisea vivida desde Argel a Dakar, atravesando en bicicleta y en solitario el desierto del Sahara, el Sahel y la sabana, a través de Argelia, Níger, Burkina Faso, Malí y Senegal; y en un cuarto libro contaba cómo atravesé la parte más peligrosa de la inmensa selva amazónica brasileña.
       Así, y cuando me disponía a escribir la aventura que viví en Perú, cruzando su selva amazónica, su selva montañosa, sus Andes y su desierto costero, ocurrió algo que, junto a tres hechos acontecidos un año antes, me tentaron a salirme del camino que me había trazado, y caí en el error de dejar de seguir escribiendo un libro de aventuras con algo de erotismo, para escribir un libro de erotismo con algo de aventura. Como atenuante quiero alegar esos tres hechos:
       El primero: El 10 de agosto de 1995 y mientras tomábamos una horchata en Alboraya, mi amiga Alba me decía, en uno de los puntos en que resumió su crítica sobre mi último libro: "Me gustó mucho cómo escribiste las escenas eróticas y pienso que si participases en el premio de La Sonrisa Vertical, ganarías".
       El segundo: Una semana después Miguel Ángel, un periodista de Radio Nacional, que no conocía hasta entonces, me llamó por teléfono y después de preguntarme algunos detalles sobre el mismo libro, al darme su opinión me puntualizaba: "Sobre las escenas eróticas tu forma de escribirlas es ingenua, fresca y encantadoramente excitante"; animándome a participar también en el premio de La Sonrisa Vertical, al que me confesó deseaba presentarse desde hacía varios años.
       Y el tercero: A finales de septiembre me llegaba una carta de Burgos, de mi amigo Luis, diciéndome, entre otras cosas: "Creo que tienes mucha madera literaria y eres un buen prosista. Si te presentases al premio de La Sonrisa Vertical pienso que no sería descabellado que obtuvieses el primer premio. A las chicas que han leído tu último libro las escenas eróticas les han encantado, y a mí también".
       Además, tras leer los libros que habían ganado el concurso en los últimos años, sin que consiguiesen excitarme demasiado, pensé que si por primera vez le daba carta blanca a mi imaginación en esto de escribir, el premio no se me podría escapar.
       ¡Ingenuo que fui!
       Por lo menos me queda el consuelo y la satisfacción de saber que este libro, os excitará; y espero que sea lo suficiente como para que decidáis ir a conocer la fascinante locura del carnaval de Salvador de Bahía, fiesta a la que vale la pena peregrinar, y que os recomiendo mientras vuestro cuerpo todavía pueda disfrutar del placer de bailar.




© Ricardo Hernàndez

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